jueves, 24 de marzo de 2011

Leer

Leer es la respiración del alma. Los ojos no son el espejo del alma. Lo que ven los ojos es el
alma. Pero ojos abiertos a muchas aristas y páginas, a muchos otros ojos, a muchas miradas.
Hay ojos en las caras y en las hojas de los libros. Nosotros somos, en gran medida, lo que
vemos de otros ojos, lo que leemos y lo que pensamos de haber leído. Los libros contienen lo
que somos. Lo que hemos soñado ser. Cuanto más leemos más somos, y menos al mismo
tiempo. Leer es darse buena cuenta de ser pequeños; un ejercicio sanísimo de humildad que nos
hace grandes. Leer es el primer paso para aprender a leernos, nosotros y ellos que somos libros
enormes, inacabados siempre. Leernos desde el principio al presente, como un diario íntimo y
necesario. Leernos para darnos cuenta de cuánto nos acerca; darnos cuenta de qué parecidos
somos y qué diferentes a la vez. Todo a la vez, porque las cosas en esta vida se dan juntas,
mezclándose como la sal en los océanos. Sólo el invento de la ciencia compartimenta la vida.
Leer para ver qué enlazado está todo, cuánto dependemos unos de otros; el mundo tiene dos
manos entrelazadas. Las causas no son unas solas. A lo largo de los dedos del mundo discurren
formaciones de causas que los libros presentan como bálsamo para el dolor de las dudas. Y
como dudas para los que no se preguntan. Leer es comprender, o al menos la vereda.
Comprender, a veces lo es todo. Es lo más parecido a Dios que he visto. Leer es la pesadilla de los fanatismos, las tijeras de las ideas únicas, de las verdades inmutables, de las verdades en
nombre de mí mismo. Leer es el paraíso ya en la tierra, voluntario, libre y personal como el
pecho de cada uno. Leer es vivir en una casa donde todo son ventanas, todo puertas a mil
caminos; los que hay y los que uno camine sin que aún existan. Ventanas a cielos que no se
acaban, que no se sabía que estaban, que lo contienen todo, donde caben todos, donde nada es
algo de alguien, porque nada es algo sin alguien.
Leer es darse cuenta de que lo único que tenemos es lo que somos. Hay quien tiene cosas y
quien se las ha vivido. Tener páginas no leídas es ya mucho tener. Se tiene la duda.
Siempre que se tengan las manos abiertas a la duda, o a un libro, se está vivo, aunque no quede
más tiempo que para querer. Leer es uno de los principios de ser, y el final de los finales.

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